Tacto, abrazos y sexo: ¿se aplazan por la pandemia?
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Tacto, abrazos y sexo: ¿se aplazan por la pandemia?

A pesar de los más de 26 mil casos confirmados en Colombia de COVID-19 y de la medida de confinamiento como una forma de detener el aumento de esta cifra, cada vez más personas rompen el aislamiento social en busca de contacto humano. ¿Por qué está sucediendo esto? ¿Qué protocolos deberíamos considerar si vamos a establecer contacto físico con alguien más?

“Lo conocí en Bumble durante la cuarentena. Teníamos muchas ganas de vernos. Llevábamos tres semanas conversando y habíamos tenido varias citas por videollamadas”, nos dijo Natalia, de 33 años, cuando relató la primera vez que rompió la medida de aislamiento obligatorio. “Nos encontramos en su casa y durante el trayecto tomé varias precauciones: viajé en mi carro y no toqué ninguna superficie. Al llegar, me lavé las manos, me quité los zapatos y la chaqueta, pero en adelante ya no hubo más distanciamiento. La idea del encuentro era justamente lo contrario”.

Aunque parece que ya nos vamos acostumbrando a los abrazos, caricias y polvos aplazados que la pandemia ha dejado a su paso, hay quienes no conformes con esto han decidido romper la norma para encontrarse con los suyos. En Mutante lo corroboramos con un sondeo respondido por 286 personas, de las cuales el 39% dijo haber salido de su casa al encuentro con alguien más durante la cuarentena nacional decretada por el gobierno nacional.

Es una realidad. Existe una tensión entre el cuidado epidemiológico y las urgencias afectivas.

Antes de sus visitas, la mayoría de las personas con las que conversamos aseguran que usan tapabocas y se lavan las manos. Procuran ir en taxis o en carros particulares. Cuando llegan, dejan a la entrada sus zapatos y ropa. Otros se bañan. Pero después, cuando por fin acaban su hazaña aséptica, se quitan el tapabocas y, la mayoría, se olvidan de los dos metros de distancia que promueven los epidemiólogos y las campañas oficiales de prevención; como si al pasar el umbral de la puerta de entrada la confianza en el otro fuera suficiente blindaje contra el virus.

“Él había salido antes para mercar y hacer vueltas de banco, yo no había salido nunca, pero había recibido domicilios. En últimas sólo nos quedaba confiar en que el otro había sido precavido”, agregó Natalia.

Luego de hacer una lista colectiva de preguntas sobre el contacto en cuarentena, buscamos a expertos y expertas para intentar responder las dudas más frecuentes sobre qué hacer antes y durante una visita y sobre cómo — si es posible — gestionar los abrazos, los besos y el sexo.

Julián Fernández Niño, Doctor en Epidemiología, Rubén Darío Gómez, Doctor en Salud Pública, Silvana Zapata, Master en Epidemiología, Andrés Molano, Doctor en Desarrollo Humano y Educación y Milton Murillo, psiquiatra y experto en ciencias del comportamiento, nos ayudaron a darle forma a este ejercicio.

Todos fueron muy enfáticos en que en este momento es necesario limitar al máximo el contacto físico con otras personas, también nos aclararon los riesgos a los que nos enfrentamos si decidimos ver y sentir a los demás. Aquí les compartimos algunas de sus respuestas, que podrían ayudar a resolver el dilema entre la necesidad de contacto y el cuidado biológico.

Los testimonios que acompañan las preguntas fueron entrevistas que le hicimos a trece personas de manera anónima después de romper la cuarentena para encontrarse con los suyos.

Sobre la salud mental y el aislamiento

“Salí a verme con una amiga por mi propia salud mental. Necesitaba un cambio de ambiente, un respiro”, Andrés, 20 años.

¿La falta de contacto físico puede tener repercusiones en nuestra salud física o mental?

Milton Murillo (MM): Sí. Somos animales y requerimos de contacto físico para sobrevivir y mantener un equilibrio emocional. Hay una hormona llamada oxitocina, la hormona “del amor”, que se libera con el contacto físico y nos protege contra enfermedades mentales. Algunas de las consecuencias en este aislamiento pueden ser la aparición de síntomas depresivos, ansiedad y alteraciones en el patrón del sueño.

“Cuando salí, tuve un dilema interno: ‘¿estoy siendo irresponsable? ¿qué pasaría si me llegara a contagiar o si contagio a alguien?’” Camilo, 23 años.

¿Por qué las personas insisten en contactar con otras, aún bajo la amenaza de un posible contagio?

Andrés Molano (AM): Hay un fenómeno de agotamiento de la cuarentena. La incertidumbre y la cantidad de tiempo que ha durado el aislamiento genera una sensación de “estamos mamados”. Esto ha generado una necesidad de establecer relaciones sociales que nos estimulen emocionalmente. La ausencia del contacto, en este punto, motiva a que mucha gente considere ir a ver a alguien.

Antes de una visita

“Aunque tenga pánico de tocar la perilla de la puerta, me emociona viajar 50 minutos en taxi, solo por ir a verlo”, Adelaida, 22 años.

¿Cuál es el medio de transporte más seguro en caso de visitar a alguien?

Julián Fernández Niño (JFN): Caminar, ir en bicicleta o en carro particular es ir más seguro que ir en el transporte público. Si vamos en transporte público, porque no hay más opción, lo mejor es viajar en horas no pico, ojalá en rutas que tengan menos personas. En estos casos, el uso del tapabocas es indispensable.

“Me he sentido muy sola en la cuarentena. Entonces decidí ir en taxi desde Medellín a Itagüí a visitar a unos amigos. Pasé ahí 2 días”, Juliana, 32 años.

¿Qué precauciones deberíamos tener en cuenta si vamos a viajar entre ciudades o municipios diferentes?

Rubén Darío Gómez (RDG): No deberíamos salir de la ciudad a visitar a nadie. Si es completamente necesario, es ideal llevar tapabocas siempre y viajar en un vehículo particular. Si viajamos en bus, el riesgo es más grande porque no sabemos si antes hubo gente contagiada. La idea es permanecer en aislamiento durante 14 días después de viajar, ya que después de ese periodo no tendremos riesgo de ser portadores.

Durante una visita

“Tuve dos ataques de pánico y decidí acudir a terapias presenciales una vez a la semana. Mi terapeuta y yo tomamos las medidas correspondientes para nuestras sesiones, pero es muy raro llorar con un tapabocas encima”, Alma, 26 años.

Si decido encontrarme con alguien ¿debo permanecer con tapabocas?

Silvana Zapata (SZ): Por supuesto, siempre que estemos en compañía de otra persona con la que no convivamos debemos usarlo. Está demostrado que la transmisión aumenta si no hay protección frente a las gotas expulsadas por personas al toser, estornudar o hablar. Por su peso estas pueden caer rápidamente a superficies y pueden pasar a las manos de otras personas, quienes las llevan a su boca, ojos o nariz.

JFN: Sí, en especial si la persona es mayor de 60 años o tiene alguna enfermedad crónica. Sin embargo, mantener una distancia de 2 metros puede ser más efectivo que el tapabocas. Otra recomendación es intentar hablar con las personas no tan de frente, sino en diagonal para evitar que se salpique saliva. Es importante evitar las tres ‘C’: espacios cerrados, congestionados y con contacto cercano.

“La primera vez que salí para ver a mi mamá me sentí muy bien, me sentí nostálgica. Ahora que lo hago un poco mas seguido, me siento normal”, María, 31 años.

Si la visita es a mi hermano o mi mamá o a alguien en quien confío y que se ha cuidado, ¿también tengo que usar tapabocas?

JFN: La recomendación es usar el tapabocas con cualquier persona con la que no vivamos. El nivel de precaución que deberíamos tener no debería medirse en función de la confianza: nadie está exento de contagiarse aunque se cuide mucho. La probabilidad nunca es cero.

RDG: ¿Estarías dispuesto a infectar a quienes más quieres? No lo creoEs importante garantizar el cuidado de todos. Es un acto de corresponsabilidad, porque si bien ellos pueden cuidarse mucho, tú al salir ya estás aumentando tu probabilidad y la de ellos de contagiarse.

“Para salir de mi casa me iba con ropa de viaje, el mercado y mi maleta. Al llegar a su casa, me quitaba la ropa y me bañaba. Luego me ponía ropa limpia y ponía a lavar la ropa del viaje. Luego limpiaba toda la comida. Al regresar a mi casa volvía a hacer lo de bañarme y cambiarme de ropa”, Paola, 26 años.

Además del tapabocas, ¿qué otras medidas debería implementar si voy a visitar a alguien o si alguien viene a visitarme?

JFN: Si tienes síntomas respiratorios o la otra persona los tiene, es mejor no hacer la visita. Apenas lleguemos es clave lavarnos las manos abundantemente e insistir en la distancia, dos metros son recomendados.

No está demostrado que lavar toda la ropa después de llegar sea efectivo, excepto para las personas que trabajan en el sector de la salud. Si se puede, deberíamos preferir las visitas al aire libre, pero si deben ser en una casa, lo ideal sería abrir las ventanas y las puertas.

Sobre el contacto, los abrazos y el sexo

“Fui a la casa de mi hermana con mi novio. Ella estaba con el suyo. Jugamos juegos de mesa, vimos películas, cocinamos y tomamos vino. Fue liberador”, Alma, 26 años.

En algunos países se permiten encuentros de pocas personas, ¿cómo podemos hacerlo responsablemente?

JFN: Apenas está comenzando la pandemia, por eso no es prudente hacer reuniones. Si las personas deciden hacerlo, debería ser al aire libre y con distancia social. Es algo que podríamos empezar a hacer después de evaluar el primer pico — que podría suceder en las próximas semanas en el caso colombiano — pero ahora lo que tenemos que hacer es disminuir al máximo el contacto social.

“Visité a mi mamá de 59 años porque estuvo enferma del estomago. Quería que se sintiera acompañada, pero sabíamos que nada de abrazos ni de besos”, Tatiana, 29 años.

¿Qué tipo de contacto físico o gestos de cariño puedo tener con las personas a las que visite? ¿Puedo dar “abrazos rápidos”?

JFN: Aquí entra en balance la prudencia con la dimensión humana de querer contactar a otros. Yo diría que en el caso de que sea un adulto mayor o con enfermedades crónicas, deberíamos evitar cualquier contacto físico, en especial si hemos incumplido la cuarentena.

Como epidemiólogo, mi recomendación es evitar a toda costa este tipo de contacto, pero mi posición como ser humano es encontrar medidas más simbólicas para expresar el afecto. Intentemos encontrar maneras no físicas de expresar el afecto. Puedo entender que algunos insistan en hacerlo, sobre todo después de tantas semanas. En este caso recomiendo un contacto corto, alejado de la cara y las manos, como tocarse los codos o tocar los hombros manteniendo una distancia en medio de los dos cuerpos. Esto no debería hacerse en ningún caso con adultos mayores ni personas enfermas. Pero si alguien sano quiere tener más contacto con alguien sano, debe ser consciente que eso implica un riesgo.

RDG: Si el virus se transmitiera únicamente por vías respiratorias, tendría sentido dar abrazos rápidos. Y aunque la probabilidad de que nos contagiemos por un contacto efímero es bajita, no es nula. Por el momento ni abrazos, ni besos, ni dar la mano.

Actualmente hay 108 grupos en todo el mundo trabajando en este tema. De estos, hay 7 vacunas que ya están en experimentación en humanos; por el lado de la ciencia soy optimista.

“Tuvimos sexo con la protección usual: condón y anticonceptivos, pero no tuvimos precauciones adicionales”, Natalia, 33 años.

¿Qué precauciones debo tener o a qué acuerdos puedo llegar en caso de que vaya a tener un encuentro sexual?

JFN: Pretender regular la intimidad de las personas desde la salud pública es algo muy complejo, pero podría dar unas recomendaciones generales. Tener una pareja estable puede ayudar, pero estar en contacto con alguien más, así sea de confianza, no quiere decir que el riesgo sea cero. Cuando entramos en contacto con otra persona, nuestro riesgo es distinto a cero.

Pero si lo quieres hacer, lo primero es ser consciente del riesgo. Evitar los besos durante el acto sexual, así como las posiciones que propicien el contacto cara a cara puede ayudar. También es recomendable buscar que suceda en lugares ventilados.

Lo más importante y lo que las personas deben pensar es: saber cuál es su riesgo, estimarlo y tomar decisiones informadas.

*Para proteger su identidad, cambiamos los nombres de quienes nos contaron las historias de sus salidas en cuarentena.

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Por:

María Claudia Dávila y Natalia Duque

Ilustración:

Natalia Ospina y Juan Nicolás Duarte

2020-09-15

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