Trabajo en casa, precariedad laboral y rebusque: lo que la pandemia nos dejó #HablemosDelTrabajoEnPandemia
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Trabajo en casa, precariedad laboral y rebusque: lo que la pandemia nos dejó #HablemosDelTrabajoEnPandemia

Estamos a pocas semanas de cumplir un año encerrados por la pandemia. Bueno, parcialmente encerrados. Y, claro, no todos. Pero al menos 9 millones de colombianos que antes se desplazaban a diario entre sus casas y sus lugares de trabajo, llevan varios meses anclados a un escritorio y a una pantalla, probablemente con una distancia precaria de su cama, su comedor, su familia, sus hijos, su pareja o el resto de su vida.

Quizá es un privilegio sobre otros, incluso, sobre las enfermeras y el personal de salud que han lidiado directamente con el Covid-19. Sin embargo, las consecuencias del trabajo en casa no son un asunto menor, como tampoco lo es el desempleo y la precarización laboral que la pandemia dejó a su paso.

¿Qué ha significado que la vida laboral coincida con el espacio de descanso para quienes así no lo planearon? ¿Cuáles fueron las formas que adoptó el trabajo en medio de la pandemia? ¿Qué implicaciones ha traído esta transformación en materia de derechos laborales?

Por supuesto, otras son las cifras que alarman al hablar de la situación laboral con la que nos recibió este nuevo año. Por ejemplo y según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), al menos 2.4 millones de personas perdieron su empleo el año pasado, además la tasa de desempleo cerró en 15.9%, es decir, aumentó 5.4 puntos frente al 2019. Ni hablar de las mujeres. Los números revelan la gravedad de su situación: el desempleo para ellas pasó de 13.6% a 20.4%, ocho puntos porcentuales por encima del de los hombres.

Por todo esto, queremos contarles qué fue lo que aprendimos sobre la situación de los trabajadores en Colombia en el transcurso de la conversación #HablemosDelTrabajoEnPandemia.

Aquí va.

- Dolores de espalda, problemas de convivencia, un desafío, un reto, agotamiento, ansiedad, depresión, son algunas de las frases y palabras que se leyeron en la conversación. Pero, también muy temprano en la conversación leímos cosas como que el trabajo en pandemia fue inexistente, hipotético y mínimo.

La precariedad laboral encontró un espacio para anidar junto al desempleo elevado por la pandemia. Si bien los bajos sueldos, la contratación sin prestaciones sociales y las exigencias absurdas no son características propias de las convocatorias laborales en el 2020, este sí fue un año en el que se profundizaron.

Entre las convocatorias que el público nos compartió, se destacan aquellas de empresas u organizaciones que buscan un profesional para hacer el trabajo de tres personas, o el ofrecimiento a recién graduados, pero eso sí, si tienen muchos años de experiencia y, sobre todo, bastante “tolerancia a trabajar bajo presión”, lo que en muchos casos no es otra cosa que estar disponibles todo el día, a todo hora, sin derecho a la desconexión laboral.

- ¿Y acaso existe este derecho? La Organización Internacional del Trabajo (OIT) lo ha reconocido. En Colombia hay un proyecto de ley en curso en el Congreso para que se haga realidad y, de paso, actualice la Ley 1221 de 2008 que reglamentó el teletrabajo como una modalidad laboral pactada y precisada en el contrato, pero que hasta ahora no incluye el “trabajo en casa”, la eventualidad a la que nos enfrentó la pandemia.

En América Latina hay otros países que también tienen su propia regulación sobre el teletrabajo y el trabajo en casa, útiles referentes para pensar cómo los derechos de la vida análoga se trasladan al entorno digital.

Al respecto, algunas de las participantes de la conversación nos compartieron sus opiniones y experiencias:

  • hcnatalie: Fue horrible, enfermé varias veces el año pasado… No había horarios, no tenía vida. Lo dejé apenas terminamos contrato. De momento estoy buscando, pero que sea algo que al menos me de tiempo de sentarme en el comedor con mi familia y no llevarme un plato al lado del computador mientras sigo trabajando.
  • julia_deazul: Hay algo que me preocupa incluso más ahora y es la hora en la que los colegas y jefes escriben en los chats y el correo. Adicional, la cantidad de reuniones innecesarias al día. Las jornadas laborales se resumen en reuniones ¡INCREÍBLE Y DESAFORTUNADO!

- Parece que haber tenido un contrato laboral tampoco liberó a algunos de vulneraciones a sus derechos. En Instagram, más de 300 personas nos dijeron que durante la pandemia sí contaron con un contrato laboral. Pero, de manera anónima, nos manifestaron sus experiencias no tan agradables: despidos sin justa causa, jornadas extenuantes o nulo derecho al descanso, fueron las situaciones que se destacaron por encima de otros relatos de gratitud hacia los esfuerzos de empleadores –generalmente microempresarios– que, ante la ausencia de un alivio económico suficiente y real por parte del gobierno nacional, hicieron maromas para mantener a sus trabajadores.

Ahora, en promedio los sueldos de los participantes del sondeo ni subieron ni bajaron. A pesar de esto, la mayoría respondió que la cantidad de horas de trabajo aumentó, pero el 88% dijo que no recibió remuneración por estas horas extra.

- Pronto, también nos alertamos por los numerosos abusos que identificamos. Los espacios laborales, trasladados de la presencialidad a la virtualidad, tampoco se libraron de la violencia machista.

“Morboso”, “acosador”, “misógino”, fueron los gritos que nos llegaron en forma de mensajes anónimos y que ciertas participantes de nuestra conversación quisieron decirle alguna vez a sus jefes en medio de la pandemia; una situación similar al caso de una mujer despedida tras regresar de su licencia de maternidad y denunciar a su acosador. Si ustedes creen que hay alguien que esté atravesando una situación similar, por favor, compártale esta ruta de acción contra el acoso laboral.

- Mientras ocurría la conversación los rappitenderos estuvieron en huelga. Para pocos es un misterio que esta empresa colombiana ha tenido varias denuncias por la vulneración constante de quienes se rehúsan a llamar sus trabajadores, y que en cambio en el eufemismo de nombrarlos “sus socios” esconden algunas actitudes ciertamente mezquinas. Desde Mutante nos preguntamos qué podemos hacer como usuarios de las aplicaciones de domicilios, más allá de esperar a que exista una regulación que los proteja.

Esta fue una de las propuestas en nuestra audiencia:

  • gio_venaticus: Darles la propina directamente a ellos y apoyar que se vuelva a lanzar el proyecto que se proponía de pagarles algo de salud.

- Como los rappitenderos, un grupo de jóvenes –durante la pandemia– tomaron la decisión de agremiarse para conformar el Sindicato Nacional de la Industria de Trabajadores de Call Center y Contact Center. Fue la forma que encontraron para hacerle frente a la rabia y la indignación que les ha generado las decisiones de sus empleadores, incluso muy a contracorriente del lastre que carga la palabra sindicato y que logramos identificar también en la conversación:

  • carlossanchez_666: El cáncer de las empresas. Llega el sindicato y se acabó la compañía. El desangre hecho realidad.
  • leonarvargas: Los sindicatos son lo peor; solo lo utilizan para destruir empresas y querer justificar malas actuaciones de empleados; escudándose en la supuesta defensa de derechos.

- ¿Qué hacer ante este panorama? La pandemia, como ya se ha dicho, solo fue el detonante de un montón de prácticas soportadas sobre la desigualdad. Así que mientras ocurre el cambio, la consciencia que tomemos podría hacer la diferencia para evitar que siga erigiéndose la explotación, por encima del cuidado y el bienestar, dos asuntos que el Covid-19 nos dejó como prioridad. Nadie salió ileso este año, pero confiamos que sí más consciente de su lugar en el mundo y de lo que podría hacer o exigir para mejorarlo.

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Por:

Mutante

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