Diez preguntas que los colombianos deberíamos hacernos antes de la segunda vuelta
Movilización

Diez preguntas que los colombianos deberíamos hacernos antes de la segunda vuelta

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Tusa. Tristeza. Aburrimiento. Decepción. Desesperanza. Esos son algunos de los sentimientos que manifestaron los jóvenes voluntarios de Retoma, una red de más de 300 jóvenes colombianos que se movilizaron el año pasado durante el estallido social, y que durante los últimos seis meses han acompañado a Mutante en su cubrimiento de la campaña electoral. 

Una contienda que el domingo pasado llegó a su penúltimo capítulo, con el triunfo parcial de Gustavo Petro (40,3% de los votos) y la sorpresiva victoria del exalcalde de Bucaramanga, Rodolfo Hernández (28,1% de la votación), quien pasó a segunda vuelta y podría sumar una buena porción de nuevos adeptos, pues cuenta con los votos de Federico Gutiérrez, candidato del uribismo (23,9%). 

Los resultados de la primera vuelta revelaron un nuevo mapa de país: una Colombia harta del uribismo y de la clase política tradicional, que en las periferias y en la capital respaldaron al progresismo, pero que en el centro andino y el oriente llanero resonaron con un candidato atípico, que centró su campaña emulando videos virales de Tik Tok y evitó acudir a debates. Un resultado agridulce que, por primera vez, tiene a la derecha y a la izquierda con sentimientos de desazón compartidos, pues muy pocos saben qué esperar de un país gobernado por ‘el ingeniero’. 

Ahora que es claro que triunfaron la indignación y la necesidad de cambio —como señaló la analista Laura Gil, el porcentaje de desaprobación del gobierno de Iván Duque es similar a la suma de los porcentajes de Petro y Hernández—, los colombianos tendremos tres semanas para reflexionar sobre el rumbo que le imprimirá al país esta indignación y el peso que jugarán los temores que generan ambos candidatos. 

Tras conversar con las decenas de jóvenes de Retoma durante la jornada electoral, en Mutante nos propusimos delinear diez de las muchas preguntas que tendrán que hacerse los votantes durante las tres semanas que nos separan de la segunda vuelta presidencial. Quizás estas incógnitas no decidan el voto, pero serán necesarias para canalizar la conversación política alrededor del modelo de país que elegiremos para los próximos cuatro años. 

 

¿Es Rodolfo Hernández realmente el mal menor?

 

Bajo la lógica de que en segunda vuelta se vota por el “menos malo”, Federico Gutiérrez y el Centro Democrático ya decidieron que el candidato Rodolfo Hernández es el “mal menor” para Colombia. Pero como apunta el director del Extituto de Política Abierta, Nicolás Díaz, no es posible afirmarlo porque “no lo conocemos ni conocemos sus propuestas, y va a tener poca gobernabilidad”. 

Su agenda es una incógnita y su visión de país es “muy limitada” para un estadista, considera el analista. Eso sí, para la derecha, cualquiera que no sea Petro sería el mal menor, dice. La analista Laura Gil, por su parte, considera que Petro es un hombre más respetuoso de las instituciones que Hernández, y que este último no ha tenido el escrutinio que sí ha tenido Petro sobre la viabilidad de lo que propone.

 

¿Qué tiene que hacer Gustavo Petro para que la gente deje de desconfiar de él? 

 

“Me cuestiona mucho por qué el proyecto de Petro no crece. Volvemos a sacar los mismos votos de la segunda vuelta”, se lamentó uno de los voluntarios de Retoma el domingo. Y no es el único que lo hace. Durante la campaña, los electores vieron a un Gustavo Petro muy distinto al de años anteriores: se orientó a un discurso más sereno, y se enfocó en aprovechar su amplio entendimiento sobre los problemas del país. 

Sin embargo, su discurso pareciera haber tocado techo a la hora de desactivar los temores contenidos de muchos ciudadanos, que ven en Petro a un autócrata en potencia con la voracidad de eternizarse en el poder; un representante de la clase política tradicional que ha incurrido en los mismos vicios de sus colegas, y un demagogo llevado de su parecer, con poca capacidad técnica para implementar las ambiciosas reformas que propone. 

Algunos miedos son más fundados en la imaginación y en la manipulación que otros. Y de todos, quizás el más realista es la preocupación por las implicaciones económicas de sus políticas. Según Nicolás Díaz, de Extituto, la gente tiene miedo de que su gobierno “nos empobrezca, nos endeude y no sea capaz de implementar las propuestas ni las reformas de billones de pesos; que endeude a la gente y que sus políticas macroeconómicas de desarrollo y crecimiento no tengan viabilidad”. No es extraño entonces que en su discurso del domingo se haya dirigido a los empresarios y les haya prometido estabilidad económica.

 

¿Estamos dispuestos a ceder en la agenda de derechos humanos por el miedo a Petro?

 

Rodolfo Hernández se ha caracterizado por ser un líder político sin agenda, hecho que quedó evidenciado con el discurso que dio en la cocina de su casa tras conocerse los resultados electorales, en el que más allá de insistir en su discurso anticorrupción, no dijo nada sobre los problemas del país y los enfoques que busca priorizar. 

Esa ausencia de agenda es realmente preocupante para un número inmenso de comunidades y grupos sociales que llevan años luchando con mucho esfuerzo porque en Colombia se avance en la protección de los derechos humanos, empezando por las organizaciones feministas. 

Quienes decidan votar por Hernández en segunda vuelta, tendrán que ser conscientes que el ingeniero no ha dado ninguna señal en esa dirección. Al contrario, pareciera vérsele muy cómodo con la abundancia de videos y audios de testimonios suyos, en los que, entre otras, maltrata a las mujeres y a las comunidades vulnerables, se burla grotescamente de la igualdad de género y asegura que los empresarios necesitan “gente pobre consumiendo”. 

Como dijo un voluntario de Retoma: “Siento rabia y preocupación. Para las personas LGBTIQ+ es un peligro que suba un candidato que es violento y machista, de paso que en su plan de gobierno no tiene sino solo dos puntos y hace referencia hacia nosotrxs como minorías, él representa más de lo mismo”.

 

¿Es el momento para que Colombia priorice la libertad de empresa por encima del cuidado de las personas y el medio ambiente?

 

Con el ingeniero “ganan las libertades, la empresa, el empleo”, aseguró uno de los voluntarios de Retoma, el único que durante la discusión defendió al candidato. Esta pareciera ser una de las principales razones que tienen hoy a Rodolfo Hernández muy cerca de ganar la presidencia: la promesa de un Estado pequeño y austero, que a su vez garantice un ejercicio empresarial sin mayores cargas. 

Esto resuena con los grandes temores del empresariado colombiano frente a Gustavo Petro —a quienes el candidato se dirigió prioritariamente en su discurso del domingo— que ven en sus propuestas económicas una amenaza para sus actividades económicas. Hecho que se evidenció, además, con el apoyo casi inmediato de Federico Gutiérrez.

La promesa de Hernández contrasta con la poca relevancia que tiene en su discurso y sus formas el cuidado de las personas y el medio ambiente, empezando por la visión que tiene sobre el lugar de las mujeres en la sociedad, que ha quedado clara con su negación del delito de feminicidio y su convicción de que las mujeres “deben permanecer en la casa” y no trabajar en política. 

Lo mismo ocurre con el medio ambiente: mientras en su programa promete una política industrial “limpia y comprometida” con lo pactado por Colombia en la COP 26 contra el cambio climático, propone la creación de una zona franca en la misma franja territorial donde está ubicado el Parque Tayrona.

Y ni hablar de su estilo: Hernández se ha caracterizado por ser una persona agresiva, explosiva, con un estilo maltratante y grosero. 

 

¿El problema es el populismo, o el problema es que sea de izquierda?

 

Una acusación constante contra Petro es que sus propuestas son populistas. Sin embargo, algo similar podría afirmarse de Hernández, que prometió en campaña que todos los colombianos “puedan conocer el mar” y generar recortes institucionales con la excusa de la austeridad, pero sin mayor sustento técnico. 

Entonces, ¿el problema es que el candidato del Pacto Histórico sea populista? Nicolás Díaz dice que Colombia ya ha tenido presidentes populistas que han basado sus gobiernos en modelos asistencialistas, pero que no se les llama de esa manera:  “El problema no es que sea populista, evidentemente el problema es que sea de izquierda y que tenga un pasado guerrillero”. 

Ahora bien, el populismo, que es un concepto complejo, se puede diferenciar en cada uno de los candidatos. A Petro se le califica así porque sus propuestas son costosas y sus explicaciones sobre cómo las financiaría no terminan de convencer, más aún cuando pretende comenzar a cerrar uno de los grifos por donde más dinero le entra al Estado: el petróleo. 

En cambio, de Hernández se ha resaltado que “saneó” las finanzas de Bucaramanga, pero su populismo radica en que carece de propuestas profundas y ha demostrado desconocimiento del país, porque su bandera se limita a la “anticorrupción” con frases fáciles como “quitarles la chequera a los corruptos” y porque ha concentrado su campaña en las redes sociales y en rechazar espacios donde pueda ser controvertido.

 

¿Es un declive del uribismo, o es una mutación del uribismo?

 

Tras 20 años de gobiernos uribistas o semiuribistas en el poder, no logramos entender una elección presidencial sin preguntarnos por el papel que jugará ese bloque. El hecho es que el Centro Democrático llegó a la primera vuelta sin candidato propio, y el que decidió adoptar, Federico Gutiérrez, se desinfló en la recta final. Entonces sí, es un declive del uribismo, pero también su mutación. En Retoma nos lo plantearon así: “Con este panorama nos damos cuenta de que Rodolfo Hernández es la ficha del uribismo y que Colombia nunca va a cambiar”. Tiene sentido, pues tanto Gutiérrez como fichas uribistas de alto perfil, como María Fernanda Cabal, ya se montaron a la “Rodolfoneta”. 

Nicolás Díaz lo plantea de esta manera: “Hernández dice que no quiere el apoyo de lo que llama “politiqueros”, pero al final “necesitará esos apoyos para llegar y ya todos le manifestaron que van a estar con él”. Considera que el uribismo sí quiere que Rodolfo sea “su nueva mutación, pero todo depende del caso que les haga, no solo en estas tres semanas, sino, si llega a la presidencia, en los siguientes cuatro años”. 

 

¿Basta con comparar a Rodolfo Hernández con Trump para entenderlo?

 

No basta, pero sí es importante compararlo con Trump porque cumple con características del expresidente de Estados Unidos: empresario antipolítico que dice estar en contra del establecimiento tradicional, con un estilo burdo en el que logra que graves acusaciones en su contra no lo debiliten electoralmente. Es el Trump colombiano, dicen varios analistas y señala El País en este perfil. Pero Laura Gil lo matiza en el pódcast de María Jimena Duzán: “Hernández es una figura política, no encaja en la figura del outsider perfecta”, porque, a diferencia de Trump, sí ha ocupado puestos de poder público, como concejal y como alcalde.

La comparación se hace más útil si se hace con otros personajes que el mismo Hernández ha dicho que admira: Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, de estilo pugnaz con la prensa y discurso anti establishment pese a ser de la política tradicional de izquierda de ese país; y Nayib Bukele, presidente de El Salvador, que incluso ha usado a las Fuerzas Armadas de su país contra el parlamento y ha transado la pacificación urbana con las bandas que se disputan entre sí.

 

¿Cómo reducirá el progresismo el ánimo derrotista con el que arrancó la segunda vuelta?

 

Un calificativo ha hecho carrera desde el domingo para la victoria de Gustavo Petro: agridulce. Pese a tener la mayor votación histórica para un candidato alternativo en el país, la foto completa muestra que, al menos en un cálculo simple, tiene poco de dónde crecer. “Yo creo que entienden (Petro y sus seguidores) que para ellos conseguir dos millones de votos va a ser más difícil que para Rodolfo conseguir los cinco millones”, explica el analista Díaz. Pero para él, más que una campaña derrotista, Petro comenzó atacando a su contendor.

Este análisis de Andrés Mejía-Vergnaud tiene elementos interesantes más allá del derrotismo: Petro se enfrenta a un dilema de identificación, pues si el uribismo ya salió derrotado, es difícil convocar a votar en segunda vuelta contra el uribismo. Además, los votos de centro, que podrían serle más cercanos, probablemente se fueron con Hernández. No la tiene fácil, pero en la historia reciente solo dos ganadores en primera vuelta han perdido en la segunda: Horacio Serpa (1998) y Óscar Iván Zuluaga (2014).

 

¿Qué tan difícil es para los progresistas creer en la posibilidad de conseguir los votos que faltan para derrotar a Hernández? 

 

El domingo, una voluntaria de Retoma compartió que estaba “con mucha ansiedad, pero convencida de que no es el fin, tenemos posibilidades y toca darla toda en estas semanas. Hablar con los indecisos y convencer. Podemos lograr el cambio si nos lo proponemos, no todo está perdido”. Otro voluntario aseguró que “es clave hacer campaña por pelearle a la desinformación”. 

El ánimo de estos jóvenes porque en estas semanas se consigan los más de dos millones de votos que teóricamente necesita obtener Gustavo Petro para derrotar al ingeniero, no pareciera resonar con la temperatura del discurso de este candidato, que el domingo, aunque minimizó el cálculo, se demoró 23 minutos en hacer un llamado a sus seguidores para conseguir los votos que necesita.

Para Nicolás Díaz, las propuestas más radicales de Petro dificultan que sus votantes se lancen a hacer campaña por él, pues “no permiten tanta negociación o deliberación, porque en el proceso de radicalizarse generan una división muy clara entre amigo y enemigo y eso impide el diálogo con los indecisos, que se sienten atacados”.  

 

¿Con quién va a gobernar Rodolfo Hernández si gana la presidencia? 

 

Esta pregunta merece otra: ¿cómo va a conciliar su discurso antipolítico con las maquinarias que le están manifestando un apoyo que tradicionalmente se amarra con burocracia? Por lo pronto, Fico y su fórmula, Rodrigo Lara Sánchez, aseguraron que pese a votar por Hernández, no buscan entrar a su eventual gobierno.

Para el voluntario de Retoma simpatizante del ingeniero, “Rodolfo habla mucha mierda, pero se sabe rodear”. Un periodista de Bucaramanga, ciudad de la que fue alcalde Hernández, nos contó que sobre su administración quedó la sensación de que había gente buena que hacía que muchas cosas funcionaran, pese a las polémicas permanentes del entonces alcalde. Pero en un gobierno nacional las negociaciones son distintas.

Este domingo, durante el análisis en vivo de Cuestión Pública, del que participó Mutante, se barajó la posibilidad de que Ingrid Betancourt, quien se sumó a Hernández, tenga un alto cargo, probablemente la Cancillería. Por ahora no se sabe mucho más de quiénes lo acompañan, pues como contó Daniel Pacheco, de La Silla Vacía, en el pódcast de María Jimena Duzán, esa campaña ni siquiera tenía un equipo programático al que se pudiera consultar. Esto enciende una alarma, pues como dice Nicolás Díaz, Hernández muestra “un talante autoritario, coercitivo y poco democrático”.

 

 

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Por:

Juan David López Morales y Juan Camilo Maldonado Tovar

2022-05-30

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