¿Cómo amar desafiando al machismo?
Cuidado

¿Cómo amar desafiando al machismo?

Una entrevista con Nicko Nogués, fundador del Instituto De Machos a Hombres #HablemosDelAmor

Crecí en una casa con mujeres y un televisor. Al mismo tiempo que ellas me criaban también lo hacían RBD, La Oreja de Van Gogh, las telenovelas de las ocho de la noche y todo eso que en la casa llamaban “pendejadas”. Mi educación sentimental tuvo un marco mainstream y kitsch arraigado en algún porcentaje de quienes crecimos entre finales de los noventa e inicios de los 2000. Esas “pendejadas” cebaron ineludiblemente mi idea del amor, nutrida de una mezcla del imaginario de sufrimiento, de estereotipos machistas y de entender al amor como una decisión o una elección.

En Mutante llevábamos un par de semanas preguntándonos por el amor y cómo nacen o fallan los acuerdos que hacemos al amar cuando pensamos en Nicko Nogués. Nos pareció interesante conocer la visión de un hombre que promueve las masculinidades positivas (la masculinidad como una vivencia diversa y consciente) y el desmantelamiento de patrones machistas. Nogués es un expublicista que decantó su vocación hacia el activismo creativo. Es autor del libro “Hackea a tu macho” y fundador y director del Instituto para el Desarrollo de Masculinidades Anti Hegemónicas, más conocido como “De machos a hombres”, con sede en México.

El tema empezó a cuestionarme. Ahí estaba ese popurrí romántico-televisivo recordándome que el amor es una idea intoxicada. La entrevista con Nogués, además de una oportunidad para mirarme al espejo, era un desafío incómodo.  ¿Cómo interpelar mi manera de amar para desintoxicarla de pautas machistas, estereotipadas, distorsionadas? La charla empezó a arrojar algunas palabras a tomar en cuenta: territorio, cuidado, amor propio, límites, elección. También a señalar lastres como el romanticismo y el drama, el porno, el machismo, el deseo y la frustración.

 

K: He asumido esta como una conversación incómoda porque, realmente, me ha costado ver cómo he amado y, sobre todo, cómo quiero amar. Esa incomodidad es también un poco lo que has propuesto para abordar el machismo y para alentar masculinidades positivas. ¿Por qué nos cuesta tanto aproximarnos a estas dimensiones de la vida y conversar sobre ellas?

Creo que cuando hablamos de amor nos cuesta tanto mantener una conversación más honesta, directa y profunda, porque en algún punto – al menos nuestras generaciones– hemos entendido el amor desde una perspectiva porno-romántica.

K: ¿A qué te refieres con porno-romántica?

Paul B. Preciado, (escritor trans y autor del libro ‘Testo Yonqui’) lo explica muy bien: el deseo y la frustración. Paul B. Preciado lo marca en el concepto fármaco-pornográfico. Nosotros lo hablamos desde el porno-romanticismo, que viene a ser una manera muy pobre de entender las relaciones basadas en el sometimiento y en el control. Y eso es lo que me conecta directamente con el machismo, pues el machismo son todas esas relaciones, lógicas, ideas e interacciones, hábitos, conductas que se basan en el entendimiento de lo masculino como superior y la degradación de lo femenino.

El amor se decanta en relaciones íntimas, llamémosle sexuales o íntimas, basadas también en el porno. No hemos tenido una educación sexual, ni la tienen hoy en día las nuevas generaciones. El gran educador sexual sigue siendo la industria del porno. Y la industria del porno, al menos el mainstream, que compone el 90 % de la industria pornográfica, está basada en someter y controlar.

K: ¿Y el romanticismo?

Nos enseña que es una persona que tiene que despertar a otra. Normalmente un género masculino que tiene que despertar a alguien, que tiene que resolver, que tiene que pagar; y otra persona que tiene que mostrarse bella, mostrarse tímida, indecisa.

K. ¿Tenemos un entendimiento muy pobre y machista del amor? ¿Cómo desmontar la idea de que es necesario someter y controlar para amar?

Cuando hablamos del amor tenemos que entender que el amor es ilimitado. No entendemos que lo limitado es nuestra capacidad para entenderlo. Y seguimos percibiéndolo como algo transaccional, relaciones de consumo.

Esto no es una crítica es una observación, pero estamos consumiendo personas, perfiles basados en programaciones algorítmicas que generan, de nuevo, deseo y frustración, porque esa es la combinación que tienen los algoritmos. Entonces, es esta combinación deseo-frustración-porno-romántica todo el rato, que nos sigue limitando el entendimiento más amplio de las relaciones.

K: Si hablamos de acuerdos para amar, teniendo en cuenta que amar incluye todas estas dimensiones tan variadas, ¿qué podríamos entender como un buen acuerdo, como uno que nos lleve a amar mejor y lejos de patrones machistas?

Eso puede pasar por algo simple como entender y entender ya es un gran paso. No sé si lo entendemos, por eso digo que se empieza por ahí y por respetar la autonomía de las personas, tu propia autonomía. Finalmente, en esa aceptación, entendimiento y respeto a la autonomía de quién eres y de quién es la otra parte, también hay una manera de ver el amor como un acompañamiento.

Un acompañamiento que puede ser tan íntimo como el acuerdo lo permita y lo sostenga. Puede ser sexual, puede ser simplemente un amor mucho más fraternal, puede ser un amor que implique una serie de compromisos y acuerdos a cumplir con esas partes. O puede ser simplemente un amor pasional basado en respetar la autonomía, en los acuerdos que hay entre esas partes.

Te diría que para mí es un acompañamiento que puede darse en múltiples niveles, porque el amor mismo los tiene.

K: Creo que eso es fácil de enunciar, pero es difícil de cumplir…

Somos analfabetos emocionales y no aceptarlo, o no darnos cuenta de eso, es el gran problema. Estamos apostando por relaciones monógamas o por relaciones poliamorosas, pero muchas de ellas carecen de un entendimiento o de una conexión realmente del amor. De nuevo, estamos transaccionando cuerpos, emociones, frustraciones, finalmente, codependencias. No necesariamente estamos vinculándonos a través del amor, sino de la necesidad o del deseo.

Cuando uno se vincula desde la necesidad, se vincula desde la carencia, el apego, las heridas, desde el querer controlar eso que crees que no va a ser suficiente o dejarte someter porque crees que no das la talla. Entonces, hay una carencia y una herida ahí que no está tratada, no está ni siquiera percibida o está muy negada.

Eso no nos permite vincularnos desde una perspectiva más amplia, que no es la necesidad, es la elección. Y ese es otro cuento, no estamos acostumbrados a elegir.

K: Si una de las vías para tramitar el machismo propio es ser consciente de los patrones que nos han causado daño y han dañado a otros, eso también se traspasa a los acuerdos. ¿Asimilar esa inconsciencia puede ser un punto de partida para proponer mejores acuerdos?

Sí, totalmente. Está bien reconocer un poco nuestra falta de experiencia, nuestro analfabetismo emocional y empezar por allí, por lo básico, que es construir unos pilares emocionales fundamentales de amor propio. Es decir, de relación con uno mismo, de elección con uno mismo. Y eso no tiene que ver con el egoísmo, tiene que ver con la salud mental, con saber cuáles son tus límites, cuáles son tus necesidades, tus deseos, de saber qué es lo que es coherente para ti o no, aceptable o no, y qué es lo que tú puedes dar o no.

Hoy en día está muy de moda el soltar. Ves mil millones de post de psicología o pseudoespiritualidad que te invitan a soltar. Claro, el soltar es fundamental cuando la persona tiene todo lo que tiene que tener para sostener. Pero mi pregunta sería: ¿somos capaces de sostener o estamos todo el día soltando porque somos incapaces de construir nada, en esta cultura de la inmediatez, de nuevo, del deseo y de la frustración?

Cualquier cosa en esta vida pasa por tres grandes ejes: creación, conservación, destrucción. Nos guste más, nos guste menos, ahí nuestra opinión es irrelevante. Y es el ciclo de vida de cualquier cosa que existe, de las relaciones también. Entonces, estamos muy acostumbrados a empezar, pero no a sostener ni a transformar, en todo caso sí a destruir o que nos destruyan con las dependencias emocionales y con todos los problemas que hay.

K: Una de las apuestas de “De machos a hombres” ha sido promover el cuidado como un nuevo acuerdo, una nueva lógica, con conciencia, ya no como un patrón heredado. En esa línea, has dicho que hay que aprender a habitar la esfera personal, ¿qué significa eso hablando del amor?

Desde el Instituto a lo que nos referimos es a ser capaz de contenerte a ti mismo, de habitarte. Cuando hablamos del cuidado, de los afectos, desde el Instituto hablamos de territorios. Y eso es un concepto que a mí me parece muy bonito, porque entender que el primer territorio que habitamos es nuestro cuerpo nos empieza también a dar una perspectiva de que no solo estamos viviendo una versión de vida, probablemente no elegida, sino que, más bien, como eres consciente de que estás dentro de ese territorio, que es el que te va a acompañar toda tu vida, empiezas a habitarlo y a ocuparte de él.

Empiezas a cuidar este territorio, a gestionarlo, a vincularlo, a marcar tus límites, a entender que solo tú puedes completarte. Otros territorios corporales te podrán complementar, pero en ninguna manera completar. Y esos territorios distintos corporales a su vez están ocupando un territorio mayor que es el planeta.

Es interesante porque, finalmente, entender los territorios corporales, entender los territorios sociales, entender el territorio mayor que todos habitamos como el planeta, nos permite asumir nuestra responsabilidad y eso me parece que es fundamental para vincularnos desde el cuidado y desde los afectos.

K: En el amor hay una idea muy explotada y es la del hombre como el depredador de cuerpos, en este caso, como hablabas antes, de otros territorios. Un depredador deja muchos cadáveres a su paso. ¿Qué explica esa manera de pensar tan generalizada y dañina? ¿Qué podríamos hacer para hackearla?

Tiene que ver en gran medida con toda esta carencia de afectos que viene también desde el núcleo familiar. Y eso es algo que tenemos también que poner encima de la mesa. Nos gustaría pensar que los hogares son el espacio más amoroso, más incluyente, más igualitario que existe, pero las estadísticas muestran lo contrario.

Estamos viendo a madres que tienen que asumir muchas veces dobles, triples cargas, ya no laborales, sino de roles, en cuanto a la relación con sus hijos, porque, por ejemplo, en México el 40 % de los hogares carece de una figura paterna. El padre no está, ni ha estado, ni le interesa estar. Entonces, hay también una carencia de referentes masculinos sanos, es inexistente. No hay un paso sano y necesario del niño al hombre, no lo hay.

 Y, como no tenemos referentes, no tenemos procedimientos. Ahí nos encontramos adultos de 50 años que siguen comportándose como niños de 15. Con el eterno Peter Pan de turno. Si hablamos desde las masculinidades, con el eterno Don Juan de turno, o con señores de 80 años, hombres de 40 y niños de 7 que siempre tienen que ser atendidos por una mujer porque no son capaces de cuidarse.

Y, entonces, da igual qué edad tengas, siempre dependes de alguien más, de una amiga, de tu hermana, de tu novia, de tu amante. Eres incapaz de valerte, de cuidarte por ti mismo a nivel no solo emocional, sino incluso muchas veces físico. Ya sabes que esta conversación no puede ser binaria, o no lo es, sino más bien es tan muy multidimensional como lo es el propio amor, ¿no?

K: ¿Lo de hacer mejores acuerdos en el amor es una cuestión de hacernos cargo de nuestras falencias? ¿Uno de los primeros pasos podría ser empezar a negociar esas falencias?

Sí, sin duda. Eso, como para resumirlo, en hombres es bastante complejo. Hay que establecer, en primer lugar, un entendimiento más amplio de lo que llamamos amor, sería como algo muy necesario, una reeducación, llamémosle así, y ser muy honestos con nosotros y con nosotras mismas.

Entender: “Ok, a ver, respecto a este parámetro tan amplio llamado amor, ¿dónde estoy y cómo lo estoy viviendo? ¿En qué punto de este espectro estoy?”. En las culturas ancestrales está muy bonito, y es algo que a mí me interesa mucho. Siempre se puede ver cualquier concepto, como mínimo, desde cuatro puntos de vista. El momento en que seamos capaces de ver cualquier concepto desde al menos cuatro puntos de vista estamos en lo que se denomina nuestra neutralidad. Y nuestra neutralidad no es una falta de emocionalidad o de sentimientos, no; es una posición sumamente saludable a todos los niveles: espiritual, física, emocional y creativa. Porque, básicamente, somos capaces de ver las cosas desde el centro de quiénes somos.

Entonces, yo preguntaría a quienes leen esto: ¿desde cuántos de estos cuatro puntos de vista, al menos, entendemos el amor? Probablemente lo entendemos desde uno muy sesgado y es todo lo que hemos comentado durante esta conversación. Entonces, creo que está interesante ver eso, esa neutralidad, entenderla, y a partir de ahí establecer procedimientos, que es otra palabra clave, para ver cómo nos vamos moviendo en esas cuatro direcciones mínimas, en esos cuatro entendimientos del amor. Y estos procedimientos nos van a llevar a compromisos y a acuerdos.

 

 

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Por:

Karen Parrado

Ilustración: Luisa Fernanda Arango (@lu.fernanda.lu)

2022-01-31

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