Guía para hablar con un negacionista del cambio climático y no morir en el intento
Ecología

Guía para hablar con un negacionista del cambio climático y no morir en el intento

“Los humanos no somos la principal causa”

Desafortunadamente sí, lo somos. Las concentraciones de gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera —como el metano o el dióxido de carbono— han aumentado significativamente desde la Revolución Industrial, especialmente por la extracción y la quema de combustibles fósiles como el carbón, el petróleo y el gas, pero también porque hemos deforestado miles de hectáreas de bosques naturales.

De acuerdo con el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) —el máximo órgano de investigación en este campo, de la ONU— se estima que las actividades humanas han causado un calentamiento global de 1,2 °C desde 1880, algo que usualmente tomaría decenas de miles de años. Las actuales concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono no se habían visto en cerca de 2 millones de años.

 

“El planeta ya se ha calentado antes… es un proceso natural”

¡Tienes razón! El clima de la Tierra siempre está cambiando e incluso ha estado más caliente que ahora, pero la velocidad con que está ocurriendo no tiene precedentes en la historia geológica. Hemos alterado el clima en un tiempo tan corto como nunca ha ocurrido desde que existe vida en el planeta.

Cuando nos referimos al sistema climático debemos pensar siempre en la interacción entre cinco factores: la atmósfera, los casquetes polares y glaciares, el suelo y las rocas, los organismos vivos, y el océano, los ríos y los lagos. En el transcurso de la historia del planeta ha habido periodos fríos y calientes. Estos ciclos, aunque varían un poco, se han caracterizado por tener una cierta regularidad durante los últimos 2,7 millones de años: 100.000 años de periodo glaciar (fríos) seguidos por 10.000 años de periodo interglaciar (calientes).

El calentamiento natural más rápido conocido ocurrió hace 56 millones de años debido a la erupción de un gran número de volcanes en el hemisferio norte, lo que emitió grandes cantidades de dióxido de carbono a la atmósfera. Ese calentamiento, sin embargo, ¡fue 10 veces más lento que el actual! Es decir, lo que hemos hecho en los últimos 200 años es incomparable.

 

“No es mi culpa. ¡Que los que más contaminan lo solucionen!”

¿Sabes qué es lo más irónico de todo? Que los países más vulnerables al cambio climático, como Colombia, no necesariamente son los más contaminantes. La lista la encabezan países como China y Estados Unidos. Así que en eso tienes razón: la responsabilidad es diferenciada.

Pero… ¿acaso no tenemos nada para aportar? Te propongo lo siguiente:

●      Reduce el consumo de plástico de un solo uso.

●      Compra la comida en los mercados campesinos locales.

●      ¡Habla más! Poner este tema sobre la mesa con tus amigos y familiares es indispensable para avivar mejores y profundos debates.

●      VOTA por aquellas propuestas políticas que se alinean con un mundo más sostenible para ti y las futuras generaciones.

●      Haz veeduría de esas promesas y discursos políticos. Sabemos que en el papel todo entra y suena maravilloso, ¡así que estás en tu derecho!

●      Exígele a las empresas hacer trazabilidad de los productos que venden. Ejemplo: que un supermercado te garantice que la carne de res que ofrecen no ha deforestado bosques naturales o desplazado a comunidades. O a una marca de cosméticos, que no haya testeado en animales.

●      Crea colectivos con tus vecinos y compañeros… Ahora más que nunca es fundamental la cohesión con otros saberes y formas de expresión, como el arte.

●      Dirige tus inversiones a proyectos que puedan generar empleos verdes. ¡El destino de tu dinero es importante!

 

“La verdad es que tengo otros asuntos más importantes por los cuales preocuparme y el cambio climático definitivamente no es uno de ellos…”

Sí, hay muchas cosas que están ocurriendo al mismo tiempo: una pandemia que ha generado mayor inequidad, el asesinato de líderes sociales y ambientales, la represión contra la protesta social, la injusticia racial, la violencia de género, en fin… todo es abrumador.

Sin embargo, aunque sientas que no estás experimentando de manera directa las consecuencias severas del cambio climático, la verdad es que hemos tocado fondo. ¿Sabes por qué? Porque el cambio climático es un asunto transversal: afecta nuestra seguridad y soberanía alimentaria, genera desplazamiento, muertes por olas de calor extremas, impacta en la economía, incide en la aparición de nuevas enfermedades, altera los ciclos de cultivos para los pueblos indígenas, entre muchas otras cosas. Todo está conectado.

 

“No hay consenso sobre si el cambio climático es real o no”

En realidad hay un consenso del 97 % en la comunidad científica.

La ciencia es maravillosa porque está basada en evidencia, no en opiniones o percepciones. Lo que ocurre es que una idea o una hipótesis se pone a prueba y se revisa una y otra vez hasta hallar una respuesta que sea lo suficientemente sólida, con pruebas tan contundentes que no queden cabos sueltos. ¿Entonces qué sabemos? Que el planeta se está calentando y los humanos lo estamos provocando. Somos los principales culpables.

Hay varios estudios que utilizan distintas metodologías y el consenso supera el 90 % en la mayoría de los casos. En el año 2013, por dar un ejemplo, el científico estadounidense John Cook, lideró uno de los análisis más completos que se han hecho hasta la fecha sobre el tema. Él y su equipo revisaron cerca de 12.000 papers científicos publicados entre 1991 y 2011 en los que se abordaba la relación entre nuestra especie y el aumento de la temperatura global. El consenso fue de 97,1 %.

Y tal vez habrás leído sobre una petición muy famosa —el Proyecto de Petición sobre el Calentamiento Global— que hicieron 31.000 científicos en Estados Unidos rechazando ese consenso. ¿Pero sabes cuál fue la condición que pusieron para firmar el documento? Un diploma de grado en cualquier ciencia. El 90 % de los firmantes no habían estudiado ciencias ambientales, atmosféricas o terrestres; y solo el 0,1 % eran climatólogos. En su mayoría eran ingenieros, médicos y zoólogos.

 

“Si el mundo se está calentando, ¿por qué hace tanto frío afuera?”

La diferencia está en la escala: una cosa es el tiempo atmosférico y otra cosa es el clima. El primero es una imagen de un instante (un día o una semana, por ejemplo) que depende de variables como la temperatura, la precipitación, los vientos o la nubosidad, y precisamente por eso es poco predecible. El clima, en cambio, es el análisis del tiempo atmosférico durante periodos más largos (de décadas o milenios).

Un ejemplo: cuando recibimos los boletines diarios del Ministerio de Salud, en los que se detallan el número de muertes por COVID-19 en el país, sabemos que las personas que fallecieron no se enfermaron hoy mismo. Entre la infección, los síntomas y la muerte hay un rezago temporal que puede ser de varias semanas de diferencia. Algo similar ocurre con el cambio climático: nuestro presente es el resultado de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que emitimos en el pasado, un efecto de acciones acumuladas durante 20 o 50 años; y las acciones que tomemos hoy van a modular los climas a mediano y largo plazo, así que la emergencia climática va cobrando vidas en el camino, no instantáneamente.

¿Y cómo así que se acumula? Si la atmósfera es una bañera tapada, que el agua del grifo caiga más lento (las emisiones) no significa que la bañera (la concentración) deje de llenarse. Tarde o temprano rebosará y todo el suelo quedará encharcado. En otras palabras, aunque las emisiones de CO2 se reduzcan en un año como el 2020, en el que el confinamiento por la pandemia por COVID-19 limitó nuestra movilidad, lo cierto es que no podemos ver una página solamente, sino el libro completo. Y el libro trata de una emergencia climática que tendrá consecuencias a distintas escalas, algunas irreversibles si no tomamos acciones ya.

 

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Por: Tatiana Pardo Ibarra - Twitter: @Tatipardo2

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