El silencio es ley a la hora de hablar de acoso en el trabajo
Trabajo

El silencio es ley a la hora de hablar de acoso en el trabajo

#HablemosDeAcosoLaboral

El acoso sexual laboral es uno de esos temas sobre los que la mayoría de empresas prefieren callar. Se ven en aprietos, porque “no han tenido tiempo” de pensar cómo enfrentarían uno de estos casos internamente. Por ejemplo, al preguntarle a algunos de los medios de comunicación en Colombia por su protocolo de actuación al respecto, la respuesta fue el silencio. Un silencio bastante elocuente, que deja suponer que ha sido una tarea secundaria e, incluso, parte de un fenómeno bastante normalizado en nuestra cultura del trabajo. 

En Mutante, en alianza con la Friedrich-Ebert-Stiftung (FES) en Colombia, estuvimos durante dos semanas en #HablemosDeAcosoLaboral. Una conversación que nos enseñó —a nosotros y a nuestra audiencia— el estado de las cosas en materia legal frente al tema. Nos permitió leer y escuchar de primera mano experiencias desafortunadas en los entornos laborales, cuyas raíces están profundamente ancladas en la precarización laboral y en la desigualdad entre hombres y mujeres. Finalmente, una conversación que nos confrontó y puso en marcha nuestro propio proceso de construcción de una política pedagógica para contrarestar las prácticas abusivas que pueden ser el campo fértil del acoso, especialmente del acoso sexual. 

Este ejercicio de periodismo con la audiencia sucedió mientras en el mundo entraba en vigencia el convenio 190 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que pretende  impulsar a los 187 estados firmantes —entre ellos Colombia— a atender con eficacia legislativa el acoso laboral. Nuestro país está en deuda de ratificarlo, a pesar de que el gobierno nacional ya le informó al Senado su interés de suscribirlo.  

Lee a continuación cuáles fueron los principales hallazgos que nos dejó #HablemosDeAcosoLaboral:
 

- El Paro Nacional en Colombia fue una forma de medir el aceite a los derechos laborales. Por eso empezamos por ahí. La irregularidad en los horarios de trabajo, así como la coerción por parte de jefes hacia sus empleados para evitar que participaran de la movilización fueron algunos de los elementos que se repitieron. 

En Cali, por ejemplo, Pedro* nos contó el caso de un jefe que repartió a sus empleados planillas de firmas para la revocatoria del alcalde.

En esta primera pregunta también aparecieron, aunque en menor medida, personas que hicieron referencia a la tercerización, el recorte salarial y de vacaciones, entre otras cosas. Aquí la premisa es que la falta de condiciones óptimas laborales se debe al paro y las protestas.  

También nos llegaron historias a través de mensajes privados que privilegiaron el anonimato. Estas son dos de ellas: 

  • Yo trabajaba en un call center en Bogotá. Pedí permiso para marchar el 28 de abril y me lo dieron, pero cuando ya me había ido, me avisaron que no podía salir. Después me citaron para saber por qué me había retirado antes de tiempo ese día. Y aunque les expliqué y les mostré el permiso, me despidieron con justa causa.

 

  • Una empresa caleña nos obligó a las empleadas de planta a asistir al trabajo el 29 de abril, a pesar de la delicada situación de orden público. Por los bloqueos, las rutas que nos transportaban no pudieron salir en la tarde. La empresa prometió que nos daría transporte y al final no cumplió, así que caminamos hasta nuestras casas. Algunas llegaron a las 2:00 a.m. Después de esto creamos un grupo de WhatsApp con la intención de formar un sindicato. Esta información se filtró a las directivas de la empresa, y al día siguiente nos despidieron a todas las integrantes de ese grupo. 

 

 

- Muy al inicio de nuestra conversación y como si lo hubiéramos planeado, la Corte Constitucional falló a favor de la periodista Vanessa Restrepo en la sentencia T-140 de 2021, ordenándole al periódico El Colombiano la construcción de un protocolo contra el acoso sexual como una medida para reparar la vuleneración que sufrió después de que uno de sus compañeros de trabajo accederia sexualmente a ella en contra de su voluntad. Conversamos con Vanessa y entre las cosas que nos dijo fue que sólo se sentirá reparada cuando el protocolo entre en marcha. 

- Entonces, quisimos conocer referentes de protocolos frente al acoso sexual al interior de las salas de redacción. Pero ninguno de los medios a los que le hicimos la pregunta nos respondió. Salvo Chicas Poderosas, quienes nos compartieron su código de conducta.

- Otras personas sí lanzaron algunas ideas que, según ellas, deberían tenerse en cuenta a la hora de construir un protocolo realmente empático con los casos de acoso sexual: 

  • Poder saltarse la línea de mando para hacer una denuncia efectiva cuando quienes acosan son los superiores
  • Educación para identificar los casos de abuso y para denunciarlos.
  • Colectivización de las empresas para evitar la verticalidad del poder.
  • Llegar a acuerdos frente a lo que está mal para poder identificarlo y denunciarlo. 
  • Procesos de reflexión y discusión acerca de comportamientos machistas que pueden no ser identificados fácilmente.
  • Primordial: respetar los horarios laborales.
  • Anular cualquier proceso que culpe a la víctima.


- En los comentarios varias personas nos contaron acerca de su experiencia de acoso laboral y las afectaciones que tuvo para su salud mental. De hecho, fue un común denominador en la experiencia de quienes aseguraron que luego de denunciar el acoso no ocurrió nada, sino que se tomaron represalias contra ellas generando graves afectaciones para su salud mental. 

 


- Para indagar en las formas en las que nuestra audiencia había vivido el acoso laboral hicimos un sondeo en Instagram. Fue respondido por 119 personas quienes, en su mayoría, se identificaron como mujeres que habían sufrido acoso laboral.

Entre la selección múltiple de formas de acoso laboral, la mayoría de personas aseguraron que habían sido víctimas de maltrato físico o psicológico, seguida por sobrecarga o cambios de horario sin concretar. 

La mayoría dijo que el acoso ocurre regularmente en espacios presenciales, incluida la oficina, seguido por el chat personal. 

Entre los entornos oficiosos o trabajos que son más prestos al acoso laboral algunas personas destacaron el cine, la televisión, los bancos, y en general cualquier entorno en el cual los hombres sean mayoría o ejerzan roles de poder. 


- “Hay que meterle la ficha a esos lugares donde el derecho no puede hacer tanto” nos dijo María del Pilar Carmona, doctoranda en derecho de la Universidad de los Andes, durante el panel en el que participó junto a Alejandra Trujillo, coordinadora de proyectos de FESCOL. Ambas estuvieron de acuerdo en que para acabar con el acoso laboral, que no es nada distinto a un fenómeno social que refuerza las discriminaciones por género, clase, raza y edad, es necesario transformar culturalmente, por ejemplo, las marcadas jerarquías laborales y otros asuntos que tenemos muy enquistados, como lo mostramos en esta infografía. 

-  Entre otras cosas, porque el papel todo lo aguanta pero la realidad puede ser muy distinta. Por ejemplo, de ponerse en marcha el convenio 190, este ya no sólo le respetaría a los trabajadores formales su derecho a tener una vida libre de violencias, sino que ampliaría la norma para que practicantes, voluntarios y trabajadores informales también se sientan protegidos. Para que eso efectivamente sea así, tenemos que dejar de pensar el trabajo como un “regalo” que hay que agradecer a toda costa. 

- Finalmente, y como sabemos que este no es un tema fácil ni siquiera de conversar, les proponemos esta guía con unos elementos sencillos para que no nos callemos más frente al acoso laboral en el trabajo y ¡conversemos!

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Por:

Mutante

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