Tres prioridades para una segunda oportunidad: Petro le envía un mensaje al mundo
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Tres prioridades para una segunda oportunidad: Petro le envía un mensaje al mundo

Gustavo Petro, nuevo presidente de Colombia, dio un discurso atravesado por un pasaje icónico de Gabriel García Márquez. La paz es su ambición total, un reto que trasciende los cuatro años de su gobierno y las posibilidades de un país por su propia cuenta. #HablemosDeLaTransiciónPolítica

El presidente Gustavo Petro sentó este domingo 7 de agosto, en su discurso de posesión, los ejes de su gobierno en un discurso que bien podría haber dicho frente a la Asamblea General de las Naciones Unidas por la globalidad de los retos que planteó, pero que pronunció frente a una Plaza de Bolívar repleta de banderas y personalidades, desde jefes de Estado hasta trabajadores informales que durante su campaña se convirtieron en símbolos de su apoyo popular.

Paz, igualdad y medio ambiente fueron las tres ambiciones desarrolladas por el nuevo mandatario. Tres ejes que no son nuevos, que viene planteando desde mucho antes de este día de inflexión, pero que hoy puso en un contexto de desafíos globales. Petro no solo habló como nuevo Jefe de Estado de Colombia. Lo hizo como aspirante a líder regional, desde el reconocimiento de que Colombia no es una isla en sus problemas, pero que las soluciones tampoco dependen únicamente de sus recursos y su voluntad.

 

Una “paz total” que no es solo la de las armas

El presidente del Congreso, Roy Barreras, ambientó la centralidad que promete este gobierno frente a la paz, cuando le impuso, después de la banda presidencial, una paloma como símbolo de la “paz total” que buscarán conseguir. Esa paz es para el presidente Petro la “segunda y definitiva oportunidad sobre la tierra” de Colombia.

Petro hizo alusión permanente a esta fórmula de Gabriel García Márquez, con la que cierran la novela ‘Cien Años de Soledad’ y el discurso ‘La soledad de América Latina’. “Cumpliremos el Acuerdo de Paz, seguiremos a rajatabla las recomendaciones del informe de la Comisión de la Verdad y trabajaremos de manera incansable para llevar paz y tranquilidad a cada rincón de Colombia”, prometió Petro.

Petro planteó la ruta para esa paz. Hizo un llamado los “no armados”, a la sociedad civil, a construirla desde los territorios, y a los armados los llamó a deponer las armas y a aceptar los beneficios jurídicos que recibirán a cambio de esto, aunque no mencionó al ELN ni a ningún otro grupo con nombre propio. Pero la paz de la que Petro habla es más compleja que esto.

Es una paz que está atravesada por la justicia en varios niveles. En primer lugar, a través del cambio en la política contra las drogas. Petro señaló algo que han dicho algunos expresidentes cuando ya han estado fuera de sus cargos, pero que él, en cambio, planteó en su primer día de gobierno. Sentenció el fracaso de la guerra contra las drogas y llamó a los países consumidores a asumir la responsabilidad que les corresponde y la sostiene.

La guerra contra las drogas “fortaleció a las mafias y debilitó a los Estados”, es decir, un nuevo enfoque significa re legitimar al Estado, no solo en Colombia, sino en toda América Latina. Habló de una “prevención fuerte del consumo”, pero no de un camino de legalización o regulación. Dejó la puerta abierta para que sea un bloque regional el que acuerde cuál es el camino del nuevo enfoque de drogas.

 

Una paz con igualdad social

Si la paz es el objetivo, la justicia es una de las herramientas para conseguirlo. Por eso, Petro enfatizó en que esta necesita justicia social y redistribución de la riqueza. Allí, aprovechó para justificar y ambientar su reforma tributaria. Fue claro en que busca ampliar el recaudo de impuestos sobre todo entre quienes más tienen, en beneficio de los más vulnerables.

Petro señaló como “amoral” la desigual distribución de la riqueza en el país, y vendió sus esfuerzos de redistribución no como un castigo para quienes más privilegios acumulan, sino como una “acción de solidaridad humana”.

Se refirió a la desigualdad en la distribución de la riqueza en Colombia como un “despropósito y una amoralidad”, pero sobre todo como algo que no podemos naturalizar. Es decir, como una forma de vivir en la que la desigualdad es el único camino. Al poner a la desigualdad en términos de propósito y dentro del plano moral, el nuevo presidente envió un mensaje claro: podemos vivir de forma distinta, podemos “vivir sabroso”, como lo ha repetido la vicepresidente Francia Márquez.

No es natural que el 10% de la población tenga el 70% de la riqueza, mientras que el 90% restante carece de oportunidades básicas. Su propuesta de Reforma Tributaria, explicó, no será confiscatoria, sino justa. Es “el pago solidario que alguien afortunado hace a una sociedad que le permite y le garantiza la fortuna”, en aras de permitirle a esa sociedad condiciones de vida dignas. Aportar a este propósito debería ser motivo de orgullo, manifestó, pues “la solidaridad es lo que ha permitido que los pueblos sobrevivan y logren las máximas conquistas de la cultura y de la civilización”.

El mandatario reafirmó que su enfoque es el de seguridad humana, y que en este las Fuerzas Militares tienen un nuevo rol como facilitadores para la construcción de condiciones de infraestructura que permitan hacer el país más productivo y avanzar hacia la soberanía alimentaria: casas campesinas, caminos vecinales, distritos de riego y lo necesario para llevar la salud preventiva a los territorios.

Además, planteó que se trata de una justicia social con igualdad de género, una preocupación que también fue transversal en su intervención. Resaltó la desigualdad en los trabajos de cuidado y en la representación de las mujeres, ejes hasta ahora casi ausentes de los discursos oficiales de los presidentes que lo antecedieron, o promesas incompletas, como la ficticia paridad del gobierno saliente de Iván Duque, al que no se refirió nunca.

Las banderas de la igualdad son propias de las apuestas progresistas de izquierda. De ahí que no sea raro que sea ese uno de sus énfasis. Sin embargo, Petro marca la ruta de una izquierda más contemporánea en la forma de entender esa igualdad, no desde una economía basada en combustibles fósiles sino en lo que ha llamado una “sociedad del conocimiento” coherente con la crisis climática, el tercer eje de su discurso.

 

Una paz para la supervivencia en el planeta

La Amazonia fue el eje central de la alusión del nuevo presidente a los temas ambientales y de cambio climático. Se refirió a esta como “uno de los pilares del equilibrio climático y de la vida en el planeta” y como la oportunidad para absorber los gases de efecto invernadero que producen principalmente los países desarrollados y que impactan intensamente en Colombia. De esta manera, vinculó el cambio climático con la desigualdad entre países como otra de las matrices de desigualdad a combatir.

La dimensión ambiental de su discurso fue la más claramente global. Hizo referencia al cambio climático como un asunto que no está restringido por fronteras y, como consecuencia, un problema que tenemos que combatir en conjunto.

Aprovechó la reflexión sobre el carácter desigual que atraviesa las dinámicas del cambio climático para proponerle directamente al Fondo Monetario Internacional y en general a “la humanidad” reemplazar la deuda externa por gastos internos para financiar un sistema de protección y recuperación de bosques y humedales y así combatir el cambio climático. Una propuesta audaz, pero difícil, que hasta ahora no había aparecido en los discursos del mandatario de izquierda.

Junto con esa propuesta manifestó que es prioritario encontrar un sistema que logre balancear lo económico, lo social y lo ambiental, pues solo así podemos cuidar la vida y garantizar el futuro. Explicó que su gobierno está dispuesto a hacer una transición energética hacia economías sin carbón ni petróleo, pero que poco servirá si el esfuerzo no es conjunto con otros países. En últimas, combinó la faceta más ideológica con la más pragmática para concluir la idea central de su discurso: es posible hacerlo.

En esta parte de su intervención sobre asuntos ambientales poco se refirió a estos como “ambientales”. Por el contrario, habló sobre cambio climático y sobre las acciones concretas de protección con expresiones como “salvar la selva”, “proteger a la humanidad”, “recuperar bosques” y desarrollar una “población cuidadora”.

 

Formas que no son menores

Una cosa es lo que un mandatario se proponga, y otra el camino que utilice para llevarlo a cabo. Allí radica la diferencia entre los gobiernos autoritarios, los tecnócratas y los que, a la manera latinoamericana, se reivindican como populares o populistas. Petro se enmarca en este último grupo: su apuesta, lo dijo después ante los ministros, es volver a meterle pueblo al ejercicio del gobierno del país.

Trabajo, cuidado, inclusión, diálogo, escucha, protección, desarrollo y cumplimiento fueron algunas de las palabras que desplegó a lo largo de un decálogo con el que quiso resumir lo que será su gobierno. Palabras que pueden estar cargadas de la retórica con la que cada político se hace al poder, pero que en la boca del presidente que marca una ruptura en la historia política de Colombia y pronunciadas frente a unas mayorías sociales históricamente excluidas, tendrían que tomar sentido y hacerse realidad. Petro dice que es posible. Por su lugar en la historia, pero sobre todo por el futuro del país, tendrá que ser posible.

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Por:

Juan David López y María Paula Murcia

Collage: Laura Hernández / IG: @corazon.fantasma

2022-08-07

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