¿Qué pasa con quienes se resisten a la vacuna?
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¿Qué pasa con quienes se resisten a la vacuna?

Al lento desarrollo del Plan Nacional de Vacunación en Colombia se suma un problema que el Gobierno no está estudiando: según cifras de la Asociación Colombiana de Empresas de Medicina Integral (ACEMI), entre un 12% y un 15% de las personas convocadas a la fase uno, ha manifestado que no quiere ponerse la vacuna. ¿Cómo la renuencia y el escepticismo hacia las vacunas podrían afectar los esfuerzos para lograr la esperada inmunidad de rebaño en el país?

“Si por mí fuera, sería la última persona en el mundo en ponerme la vacuna”, dice Magnolia Perea*. Tiene 58 años, vive en Cali y la única condición que pone para compartir su decisión de no aplicarse la vacuna contra el COVID-19 es reservar su identidad por una sencilla confesión: su temor a la vacuna es tal que si llegaran a exigir un carnet o un certificado de vacunación para acceder a la vida social con normalidad, no dudaría en falsificarlo. “Eso se hace ahí el sobornito y ya”, dice como charlando. Pero es en serio: ya lo hizo una vez con el certificado de la vacuna de la fiebre amarilla para poder viajar a Costa Rica.

Su potencial estrategia no sería más que uno de tantos pequeños chanchullos que hacen los colombianos a diario, y no pasaría de ahí, de no ser porque ese sentimiento de aversión hacia las vacunas es compartido por millones de personas en todo el país. De acuerdo con cifras de la encuesta “Pulso social” del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), aplicada a 12.1 millones de colombianos en 23 ciudades entre diciembre de 2020 y febrero de 2021, un 35,2% de los encuestados, es decir, cerca de 4 millones de personas, dicen que, en caso de estar disponible, no se aplicarían la vacuna contra el coronavirus.

En el hipotético caso de que esa cifra se sostuviera a lo largo del despliegue del Plan Nacional de Vacunación (PNV), las metas proyectadas para lograr la inmunidad de rebaño vacunando el 70% del total de la población (unas 35 millones de personas, todas mayores de 16 años) no se cumplirían. Y esa posibilidad parece cada vez más real si se miran los pocos datos que hay de la corta incursión que han hecho las vacunas en el país.

Según cifras de la Asociación Colombiana de Empresas de Medicina Integral (ACEMI), de las personas que han logrado contactar en la primera etapa del PNV, que comprende al personal de la primera línea y a la población mayor de 80 años, entre un 12% y un 15% ha manifestado que no quiere ponerse la vacuna. La tendencia se mantiene en la recién inaugurada segunda etapa, que comprende personal de segunda línea y población entre los 70 y 80 años. Además, esos datos suelen ser un subregistro porque las negativas vienen únicamente de las personas que logran contestar el teléfono.

“De no vacunarse, así sea ese 15%, quiere decir que habrá un sector de la población donde el virus sigue circulando y puede mutar… Las consecuencias obvias es que entre ese porcentaje habrá gente que seguirá ocupando camas UCI y seguirá muriendo. Pero también hará más difícil llegar a la inmunidad de rebaño porque las vacunas combaten ciertas cepas del virus, y si el virus llegara a mutar podría reinfectar a personas ya vacunadas y volveríamos a la casilla cero de este viaje”, analiza Gustavo Morales, presidente de ACEMI.

En efecto, los cálculos delatan una situación preocupante, en especial si ese 35,2% de renuentes encuestado por el DANE se desglosa por ciudades. En ninguna de las 23 ciudades cubiertas la renuencia a la vacuna baja del 30%, siendo Riohacha la de menor porcentaje con un 30,2% y, en el caso más grave, está Cali, la ciudad en la que vive Magnolia Perea, donde el porcentaje es del 54,8%.

Esas cifras han sido tenidas en cuenta por la Secretaría de Salud de Cali, especialmente cuando comenzaron a verificar que son relativamente ciertas. Miyerlandi Torres, secretaria de Salud de Cali, cuenta que a pesar de que han logrado cumplir con la aplicación de las vacunas, “en marzo encontramos un rechazo del 25% entre la gente del régimen subsidiado y un poco menos del 10% en el contributivo... Pero eso ha cambiado: en la última semana que llevamos de abril nos hemos encontrado con un 75% de rechazo en ambos sectores”. Ese aumento, según dice, se debe a una desconfianza específica: se acabaron las dosis de Sinovac y las que quedaban eran AstraZeneca. Y, como en todo el mundo, la gente ha estado atenta a titulares como el de semana.com el 3 de abril de 2021 que dice “Vacuna de AstraZeneca: mueren 7 personas por coágulos y avivan los interrogantes” y alimentan opiniones como la de Magnolia Perea:

— Lo que yo siento es que esas vacunas no son seguras… veo que se hicieron muy rápido, antes una vacuna se demoraba mucho…— dice Magnolia, que se vacunó por última vez hace más de 50 años.

—¿No creés que de pronto las formas en que se hacen las vacunas han cambiado? Como pasa con los teléfonos, con los carros, con las cirugías…

— Sí. Puede que sí. Tal vez mi miedo tenga que ver con algún trauma de la niñez, con esas jeringas gigantes… Si tuviera más información directa sobre el tema seguramente cambiaría de opinión.

 

Así funcionan las vacunas y la desinformación

Muchas cosas han variado en la forma en que se fabrican las vacunas desde que se probaron por primera vez en 1796. Actualmente, hay cuatro métodos diferentes. Primero están aquellas que inoculan un agente inactivo del virus, como las de Sinovac procedentes de China, de las cuales Colombia compró 7.5 millones de dosis para 3.5 millones de personas. El segundo método son las vacunas de subunidades, que utilizan una proteína del virus, que en el caso del COVID-19 es la llamada spike, como lo hace la Sputnik V de Rusia, de las cuales Colombia estuvo negociando 400.000 dosis.

Métodos más recientes, probados desde principios del siglo XXI, son aquellos que utilizan ARN mensajero, es decir, que “fotocopian” la información del ADN del virus sin necesidad de utilizar el virus en sí mismo ni sus proteínas, inoculando esa información genética en bolitas de grasa que captan las células humanas: así son las de Moderna, de las cuales Colombia compró diez millones de dosis para cinco millones de personas; y también las de Pfizer, adquiridas en la misma proporción.

Por último están las vacunas de vectores, que utilizan un virus inactivo que ya ha sido asimilado por las personas (adenovirus) y que sirve de recipiente para incorporar la información genética o la proteína de otro virus para que el sistema inmune lo estudie: así son las de AstraZeneca, de las cuales se negociaron diez millones de dosis para cinco millones de personas; y la de Johnson & Johnson (Janssen), de las cuales se adquirieron nueve millones de dosis para nueve millones de personas.

El problema es que, a pesar de los esfuerzos de la divulgación científica, en algunos casos no solo se desconoce esa información sino que la única que se recibe es inexacta, falsa o conspirativa, llegando a tener efectos reales en las vidas de las personas. Por ejemplo, en Twitter, @profehypatia trinó: “me acabo de enterar que mi mamá rechazó la vacuna. Dado que no vivo con ella, no me notificaron que ella la rechazó, porque le dijeron que si se la ponía se podía morir. Felicito a todos los que difunden noticias falsas por Whatsapp, han logrado su objetivo”.

Cinco días y muchos trinos después, @profehypatia se encuentra al teléfono con su madre, que tiene 71 años: “es que yo a ratos digo que sí y a veces digo que no. ¡Y yo veo esa aguja como toda larga, no sé… ! Y bueno, una amiga de 60 años se la puso y no sé qué le pasó pero a los ocho días se murió. Los hijos fueron a visitarla un día y le dio un infarto”, explica la madre.

Los motivos de las personas que no quieren vacunarse son variados de acuerdo con los datos del DANE: de los más de 4 millones de posibles renuentes, 63,1% temen que las vacunas sean inseguras y tengan efectos adversos; 16,5% no creen que las vacunas sean efectivas; 3,2% creen que las vacunas se van a utilizar para manipularlos y 12,7% esgrime cualquier otra razón. En ese último porcentaje podrían clasificar motivos que entidades como ACEMI se han encontrado en la marcha de la realización del PNV: las personas prefieren más una vacuna que otra, desconfían en las instituciones estatales o tienen motivos personales como la religión.

Cualquiera que sea el caso, un común denominador en todos ellos es la falta de información clara y, al mismo tiempo, una abundancia de todo tipo de información. A ese fenómeno, en medio de la pandemia, se le ha llamado ‘infodemia’ y es una de las mayores preocupaciones de la OMS por casos tan comunes como el de @profehypatia y su madre. “Para nosotros desde la ciencia ha sido muy difícil competir contra la narrativa veloz y atractiva que tienen las noticias falsas”, analiza Ignacio Zarante, presidente de la Asociación Colombiana de Médicos Genetistas.

Además de ser incontables, son más veloces y más virales que el mismo virus. Según José Felipe Sarmiento, periodista de Colombia Check, medio digital especializado en el análisis de noticias falsas, un dato que confirma lo anterior es que previo a la llegada del virus a Colombia ya circulaban noticias falsas sobre el virus. Después de analizar y constatar más de 300 noticias de este tipo, una de sus mayores conclusiones es que el gran problema es nuestra poca preparación para entender la evidencia científica.

“Definitivamente, en Colombia la comunicación ha sido desastrosa. Por un lado, el gobierno nacional y los gobiernos locales no han sido lo suficientemente claros con la información y eso solo genera desconfianza, además, estrategias como su programa de televisión  no son de pedagogía sino de propaganda. Por otro lado, los medios de comunicación han fallado en la forma de tratar la información, especialmente en el tratamiento de titulares escandalosos. Le apuestan más a la viralidad que al rigor”, concluye Sarmiento.

Pero las noticias falsas no son la única forma de la infodemia. También lo es la información inexacta o errónea basada en noticias o hechos reales: como, por ejemplo, los titulares sobre personas que han muerto días después de la aplicación de la vacuna. Si bien es cierto que en Colombia ha habido casos de adultos mayores que han muerto después de ser vacunados, lo que los titulares no aclaran desde un principio es que los partes médicos no han encontrado evidencia de su relación con la vacuna. En Colombia, por ejemplo, no se han reportado casos de efectos secundarios letales durante el PNV.

“Todo tipo de desinformación se dirige hacia algunos puntos vulnerables que tiene cada tipo de población. Encontramos que, entre varias razones, en Colombia hay dos sesgos principales entre la gente relacionados al rechazo o escepticismo frente a la vacuna: la desconfianza en el gobierno y las farmacéuticas y la desconfianza sobre los efectos que puedan tener las vacunas”, explica Cristina Vélez de Linterna Verde, colectivo que realizó una encuesta sobre el tema en noviembre de 2020.

La madre de @profehypatia lo confirma: “de lo que yo me he enterado, una muchacha me dijo que esa vacuna era un chantaje del gobierno”, dice. Vive en Medellín, donde, según cifras de la Secretaría de Salud, en lo que iba de la vacunación hasta la segunda semana de abril, un 56% de las personas en las bases de datos no ha podido ser contactada, es decir que no se sabe si más de la mitad de los priorizados estarían interesados o no en la vacuna. Del 44% restante que sí han logrado ser contactadas, un 15% no ha asistido para tomar la vacuna. Los motivos de inasistencia son variados pero, de acuerdo con la oficina de Comunicaciones de esa dependencia, no son cuantificados, es decir que en ese porcentaje de inasistencias están sin analizarse todo tipo de razones sobre el escepticismo a las vacunas.

A nivel nacional la cosa no es muy distinta. Tanto en el DANE como en el Ministerio de Salud lo confirman: no hay estadísticas que den cuenta de la percepción de los colombianos sobre el Plan Nacional de Vacunación.

Cristina Vélez cree que lo que se genera con el escepticismo frente a las vacunas es un círculo vicioso: la lentitud del plan de vacunación alimenta la desconfianza de la gente en las instituciones. Esa desconfianza genera casos de renuencia. Los gobiernos no estudian sus causas y, en consecuencia, no tienen bases para tomar acciones acertadas que disminuyan esas negativas que, a la larga, aumentan la lentitud del proceso para llegar a la inmunidad colectiva.

Quizá una parte de la población no se esté vacunando por la escasez de información verificada. Pero muchas personas, también, están dejando de vacunarse por estar mal informadas. Una semana después, por chat, @profehypatia envía un mensaje: “Te cuento que mamá no ha querido irse a vacunar... Es frustrante”.

Y entonces, ¿cómo afectará esto la anhelada inmunidad de rebaño?

Desde Neiva, Wilber Burbano escribe: “no me pondría la vacuna porque no creo que sea efectiva… Además, yo he estado con muchas personas que han dado positivo y no me ha pasado nada”. En esa ciudad, el DANE reporta un 40,3% de encuestados reticentes a vacunarse. En la Secretaría de Salud de la ciudad confirman que no han estudiado esas estadísticas y tampoco tienen planes de hacer una sistematización al respecto. “Entendemos las negativas y el escepticismo… pero no me voy a detener en lo negativo porque no surtiría el efecto que yo necesito que es inmunizar a mi población”, dice Lina Rivas, secretaria de esa dependencia.

Si lo estudiaran, encontrarían que una manera de hacer entender que la vacuna sí es efectiva es explicando que una vacuna no se crea porque sí. “Concluir que se necesita una vacuna para detener una pandemia como esta, requiere un análisis epidemiológico sobre la pertinencia social que tendrá”, explica Yéssica Giraldo, vocera de epidemiología de la Universidad CES en Medellín. Ese análisis se basa, entre otras variables, en un factor determinante llamado R0 que calcula cuántas personas y en cuánto tiempo puede contagiar una persona infectada.

A su vez, la efectividad de los planes masivos de vacunación se basa en esa velocidad de infección para calcular cuántas personas y en cuanto tiempo se deben vacunar y así lograr una inmunidad colectiva. El objetivo es que, en algún momento, adonde sea que llegue el virus, ya haya llegado antes la vacuna y el coronavirus no tenga oportunidad de expandirse más o, simplemente, se detenga su nivel de propagación. De acuerdo con el PNV, para alcanzar la inmunidad de rebaño se debe vacunar el 70% de la población: 35 millones de personas mayores de 16 años antes de terminar 2021. Pero, hasta el 15 de abril, solo se han aplicado poco más de 3.455.000 vacunas. A ese ritmo, el año terminaría solo con unos 18 millones de vacunados. Es decir que el plan va lento.

Sin embargo, en el Ministerio de Salud lo ven diferente. “En este momento [segunda semana de abril] tenemos un gran avance en inmunización masiva con la población mayor de 80 años. Hemos logrado vacunar al 70% de la población de adultos mayores: 770 mil de 1.050.000 personas de esa población que hay registradas en Colombia. En el otro 30% que queda están personas que no hemos podido contactar porque no tenemos sus teléfonos o direcciones. Y tenemos un porcentaje de personas que no es que hayan manifestado que no quieren la vacuna, simplemente no se ha permitido el agendamiento”, explica el viceministro de Salud Luis Alexánder Moscoso. “La verdad es que lograr ese 70% en una población como esta en poco más de un mes nos parece favorable, nos habla de la aceptación en general en el proceso de vacunación”, agrega.

Sin embargo, Yéssica Giraldo explica que, estos son cálculos erróneos, porque es como si el factor R0 en Colombia fuera igual a 1, es decir, por ejemplo, que por cada cada 10 personas infectadas se contagian otras 10 personas. Pero, “la realidad es que estamos con un R0 entre 1.6 y 1.8, es decir que por cada 10 personas infectadas se pueden contagiar entre 16 y 18  personas más”, aclara la experta basada en las cifras que a diario actualiza el Instituto Nacional de Salud. Pero hay más factores determinantes.

“No se trata de lograr un 70% de población vacunada y listo, hay que pensar en cómo se distribuye ese 70%: tiene que ser homogéneo para que, en efecto, todo el país logre el cerco”, explica Diego Rosselli, médico y profesor del departamento de Epidemiología Clínica y Bioestadística de la Universidad Javeriana. Eso, de alguna manera, determina lo que el PNV define como justicia distributiva, aunque su documento técnico no detalla el proceso para garantizarla.

Esa lentitud del PNV frente a la velocidad de infección del virus tiene también efectos en el escepticismo y la renuencia de la población. Porque, coinciden los expertos epidemiólogos, una de las formas más efectivas de convencer a una persona para vacunarse a pesar de sus dudas y sus miedos es cuando, por su propia experiencia, ve que a su alrededor una gran cantidad de personas lo han hecho y no les ha pasado algo malo, a pesar de los titulares de prensa, las noticias falsas o las cadenas de Whatsapp. Pero ese no es el caso de Colombia.

Por el contrario, titulares sin contexto como los de los casos de trombos causados por poquísimas dosis de AstraZeneca y Johnson & Johnson/ Janssen (“Recomiendan suspender vacuna Johnson & Johnson en EE.UU”, tituló eltiempo.com el 13 de abril de 2021) aumentan el pánico de algunas personas que no encuentran fácilmente una o muchas experiencias de éxito cercanas simplemente porque son muy pocos o ninguno los vacunados a su alrededor. Si están en medio de la duda, deciden, en el mejor de los casos, esperar.

Por eso, con mayor razón, estudiar ese escepticismo es clave. “No se le puede echar la culpa de todo al gobierno, pero una tarea que sí deberían cumplir es estudiar la información y las razones del escepticismo porque debe haber gobernanza de datos”, explica Cistina Vélez. Un caso donde efectivamente lo están haciendo es el de Cali “Si vos mirás las cifras que tenemos, vas a encontrar que ha sido exitosa la aplicación de la vacuna, porque las 117.002 dosis que recibimos las aplicamos rápidamente, incluso con una celeridad mayor a la proyectada a nivel nacional... Pero eso no quiere decir que no estemos viendo o registrando el mayor nivel de rechazo del país, solo que no se ve reflejado por el volumen de vacunas… y si no se genera una alta confianza en la vacuna, por ejemplo en la de AstraZeneca, eso va a ser un punto grave”,  dice Miyerlandi Torres.

Mientras tanto, los titulares sin contexto no van a dejar de existir, como el que envía Wilber Burbano por chat, un enlace en Facebook del Diario La Nación, compartido más de 500 veces, que titula “¡Atención! Muere hombre en el Huila, minutos después de recibir segunda dosis de vacuna”. Entre más de 140 comentarios, no son pocos los que expresan su rechazo y desconfianza.

Días después, Wilber envía una nota de voz diciendo “estaba en una reunión familiar… mis suegros dijeron que no se van a vacunar”. Si tuvo que ver o no con el titular del diario de su ciudad, solo se sabría conociendo qué tanta información han recibido y qué tantas dudas o miedos hay de por medio en su decisión. Ese dato podría cambiarlo todo. “Todo es veneno y nada es veneno, solo la dosis hace el veneno”, dicen que dijo Paracelso en el siglo XVI. Ya sabemos cuántas dosis necesitamos para detener el coronavirus. Vendría bien saber cuántas necesitamos en Colombia para contener la desinformación.

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Por:

Por: Adrián Atehortúa

Ilustración: Matilde Salinas

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